miércoles, 11 de noviembre de 2020

La Condesa Sangrienta

 

La condesa Erzsébet Báthory de Ecsed (Nyírbátor, Hungría, 7 de agosto de 1560 - Castillo de Čachtice, actual Trenčín, Eslovaquia, 21 de agosto de 1614), castellanizado como Isabel Bathory, fue una aristócrata húngara, perteneciente a una de las familias más poderosas de Hungría. Ha pasado a la historia por haber sido acusada y condenada de ser responsable de una serie de crímenes motivados por su obsesión por la belleza que le han valido el sobrenombre de la Condesa Sangrienta: es la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad, con 650 muertes. Uno de sus antepasados fue Vlad Tepes, ‘El Empalador’

Primeros años

Nació en el seno de una de las familias más antiguas y adineradas de Transilvania: los Erdély. Sus padres, los condes Ana y Jorge Báthory, eran primos. Su abuelo materno fue Esteban Báthory de Somlyó y su tío materno fue Esteban Báthory, príncipe de Transilvania y rey polaco entre 1575 y 1586. El escudo de armas de su familia consiste en tres dientes de jabalí de plata sobre un campo de gules. Entre el resto de los familiares se encuentran un cardenal y varios príncipes. Su infancia transcurrió en el castillo de Csejte y antes de cumplir los seis años sufría ataques de lo que se puede considerar hoy en día epilepsia.

Matrimonio

A los once años fue prometida con su primo Ferenc Nádasdy, conde (anteriormente barón), de dieciséis años. A los doce años pasó a residir en el castillo de su prometido y nunca tuvo buena relación con su suegra, Úrsula. A diferencia de lo que era propio en la época, recibió una buena educación y su cultura sobrepasaba a la de la mayoría de los hombres de entonces. Era excepcional, "hablaba perfectamente el húngaro, el latín y el alemán, mientras que la mayoría de los nobles húngaros no sabían ni deletrear ni escribir [...] hasta el Príncipe de Transilvania era prácticamente analfabeto".

A los quince años, el 8 de mayo de 1575, se casó con Ferenc Nádasdy que para entonces contaba con 20 años de edad.La ceremonia tuvo lugar con un gran lujo en el Castillo de Varannó (su nombre en eslovaco es Vranov nad Toplou) y acudieron más de 4500 invitados, incluso se invitó al emperador Maximiliano II, que no pudo acudir. Fue Ferenc quien adoptó el apellido de soltera de su esposa, mucho más ilustre que el suyo. Se fueron a vivir al Castillo de Čachtice en compañía de su suegra Úrsula y de otros miembros de la casa. El joven conde no estaba mucho por allí: la mayor parte del tiempo estaba combatiendo en alguna de las muchas guerras de la zona (empalando a sus enemigos), lo que le mereció el apodo de "Caballero Negro de Hungría". Existe un registro epistolar en el que Ferenc y Erzsébet intercambiaban información sobre las maneras más apropiadas de castigar a sus sirvientes, esto era normal entre los nobles de la Europa del Este de la época. Las posesiones de esta pareja de nobles húngaros eran enormes, y se requería además un férreo control sobre la población local, de origen húngaro, rumano y eslovaco. Ferenc e Isabel apenas se veían debido a las actividades guerreras del primero, así que no fue hasta 1585, diez años después de su matrimonio, que la condesa tuvo a su primera hija, Ana, y en los nueve años siguientes dio también a luz a Úrsula y Catalina. Finalmente, en 1598, alumbró a su único hijo varón, Pablo. En 4 de enero de 1604, el Caballero Negro de Hungría, como se conocía a Ferenc por su fiereza a la hora de combatir, murió de súbita enfermedad tras una de sus batallas y dejó viuda a Isabel que contaba con 44 años. Es aquí cuando comienzan, según sus acusadores, sus crímenes. Para empezar, despidió a su muy odiada suegra del castillo, junto con el resto de la parentela Nádasdy; las sirvientas a las que esta había protegido hasta ese momento fueron llevadas a los sótanos y allí recibieron por fin los castigos que, en opinión de Isabel se merecían. Esto dejó a Isabel en una situación peculiar. Señora feudal de un importante condado de Transilvania, metida en todas las intrigas políticas de aquellos tiempos convulsos, pero sin ejército con que proteger su poderío. Por la misma época, su primo Gábor I Báthory se convirtió en Príncipe de Transilvania, con el apoyo económico de la riquísima Erzsébet. Gábor (Gabriel) se metió pronto en una guerra contra los alemanes por complejas razones políticas. Esto la ponía en peligro de ser acusada de traición por el rey Matías II de Hungría. Viuda como era, se vio más vulnerable y aislada que nunca.

Acusación y juicio

Es por esta época que empiezan a escucharse rumores de que algo muy siniestro ocurre en el castillo de Čachtice. A través de un pastor protestante local, llegan historias de que la condesa practica la brujería (explícitamente, la magia negra), y para ello utiliza la sangre de muchachas jóvenes —una acusación muy popular en la época, similar a las que se realizaban en contra de los judíos y disidentes—. Matías ordena a un primo de Isabel, el conde palatino Jorge Thurzó — enemistado con ella—, que tome el lugar con sus soldados y que realice una investigación en el castillo. Dado que la señora de Báthory carecía de fuerza militar propia, no hubo resistencia. Según la investigación del conde Thurzó, hallaron en el castillo numerosas muchachas torturadas en distintos estados de desangrado, y un montón de cadáveres por los alrededores. En 1612 se inició un juicio en Bitcse (Bytča en eslovaco). Isabel se negó a declararse inocente o culpable, y no compareció, acogiéndose a sus derechos nobiliarios. Quienes sí lo hicieron, por la fuerza, fueron sus colaboradores. Juan Ujváry, el mayordomo (conocido como Ficzkó), testificó que en su presencia se había asesinado como mínimo a 37 "mujeres solteras" de entre once y veintiséis años; a seis de ellas las había reclutado él personalmente para trabajar en el castillo. La acusación se concentró en los asesinatos de jóvenes nobles, pues los de las siervas carecían de importancia. En la sentencia todos fueron declarados culpables, algunos de brujería, otros de asesinato y los demás de cooperación. Todos los seguidores de Isabel, excepto las brujas, fueron decapitados y sus cadáveres quemados; este fue el destino de su colaborador Ficzkó. A las brujas Dorotea, Helena y Piroska les arrancaron los dedos con tenazas al rojo vivo "por haberlos empapado en sangre de cristianos" y las quemaron vivas. Una burguesa de la zona acusada de cooperación, también fue ejecutada. Katryna, que con catorce años era la más joven de las ayudantes de Isabel, salvó la vida por petición expresa de una superviviente, aunque recibió cien latigazos en el cuerpo.

Prisión y muerte

Pero la ley impedía que Isabel, una noble, fuese procesada. Fue encerrada en su castillo. Tras introducirla en sus aposentos, los albañiles sellaron puertas y ventanas, dejando tan sólo un pequeño orificio para pasar la comida. Finalmente, el rey Matías II de Hungría pidió su cabeza por las jóvenes aristócratas que supuestamente habían muerto a sus manos, pero el primo de esta le convenció para que retrasara el cumplimiento de la sentencia de por vida. Así es que la condenaron a cadena perpetua en confinamiento solitario. Esta pena implicaba también la confiscación de todas sus propiedades, lo que Matías venía ambicionando desde tiempo atrás.

El 31 de julio de 1614, Isabel, de 54 años, dictó testamento y últimas voluntades a dos sacerdotes de la catedral del arzobispado de Esztergom. Ordenó que lo que quedaba de las posesiones familiares fuese dividido entre sus hijos. El 21 de agosto de 1614, uno de los carceleros la vio caída en el suelo, boca abajo. La condesa Isabel Báthory estaba muerta después de haber pasado cuatro largos años encerrada, sin ni siquiera ver la luz del sol. Pretendieron enterrarla en la iglesia de Čachtice, pero los habitantes locales decidieron que era una aberración que la "Señora Infame" fuera enterrada en el pueblo, y además en tierra sagrada. Finalmente, y como era "uno de los últimos descendientes de la línea Ecsed de la familia Báthory" la llevaron a enterrar en la cripta de la familia Báthory en el pueblo de Ecsed, en el noreste de Hungría, el lugar de procedencia de la poderosa familia. La localización de su cuerpo hoy

es desconocida. Todos sus documentos fueron sellados durante más de un siglo, y se prohibió hablar de ella en todo el país. Dos años después, las hijas y el hijo de Isabel fueron finalmente acusados de traición por el apoyo de su madre a la guerra contra los alemanes; Anna Báthory, una prima de la condesa, llegó a sufrir tortura por este motivo en 1618, cuando contaba 24 años, pero sobrevivió. Finalmente la mayor parte de la familia Báthory-Nádasdy huyó a Polonia; algunos retornaron después de 1640. Un nieto sería ejecutado en 1671 por oponerse al emperador alemán. Los Archivos Nacionales de Hungría conservan abundante documentación sobre ella, particularmente cartas personales y actas del juicio. Sin embargo, sus míticos diarios, al igual que su retrato original, se hallan en paradero desconocido.

Según la leyenda

Fue una cruel asesina enserie obsesionada por la belleza, la cual utilizaba la sangre de sus jóvenes sirvientas y pupilas para mantenerse joven en una época en que una mujer de 44 años se acercaba peligrosamente a la ancianidad. La leyenda cuenta que Isabel vio a su paso por un pueblo a una anciana decrépita y se burló de ella, y la anciana, ante su burla, la maldijo diciéndole que la noble también envejecería y se vería como ella algún día. Según el testimonio del conde palatino Jorge Thurzó (primo y enemigo de la condesa, nombrado investigador general por el rey), cuando su hueste llegó al castillo el 30 de diciembre de 1610 no halló oposición, ni a nadie para recibirles. Lo primero que vieron fue a una sirvienta en el cepo del patio, en estado agónico debido a una paliza que le había fracturado todos los huesos de la cadera. Esto era práctica corriente y no les llamó la atención, pero al acceder al interior se encontraron a una chica desangrada en el salón, y otra que aún estaba viva aunque le habían agujereado el cuerpo. En la mazmorra encontraron a una docena que todavía respiraban, algunas de las cuales habían sido perforadas y cortadas en varias ocasiones a lo largo de las últimas semanas. De debajo del castillo exhumaron los cuerpos de 50 muchachas más. Y el diario de Isabel contaba día por día sus víctimas, con todo lujo de detalles, hasta sumar un total de 612 jóvenes torturadas y asesinadas a lo largo de seis años. Por todas partes había toneladas de ceniza y serrín, usados para secar la sangre que se vertía tan pródigamente en aquel lugar. Debido a esto, todo el castillo estaba cubierto de manchas oscuras despedía un tenue olor a putrefacción. Se decía que mientras su esposo estaba fuera, ella mantenía relaciones sexuales con sirvientes de ambos sexos, y se rumoreaba que cuando tenía acceso carnal con chicas no era raro que las mordiese salvajemente. Todo empezó en 1604, poco después de la muerte de su marido. Una de sus sirvientas adolescentes le dio un involuntario tirón de pelos mientras la estaba peinando, lo que atrajo un fuerte bofetón de la condesa que hizo sangrar por la nariz a la doncella (la cual hasta este punto habría sido afortunada, ya lo normal entre la nobleza eslava de la época habría sido sacarla al patio para recibir cien bastonazos por aquel descuido). Pero cuando la sangre salpicó la piel de Isabel, a esta le pareció que allá donde había caído desaparecían las arrugas y su piel recuperaba la lozanía juvenil. La condesa, fascinada, pensó que había encontrado la solución a la vejez, y que siempre podría conservarse bella y joven de esta manera. Tras consultar a sus brujas y alquimistas, y con la ayuda del mayordomo Thorko y la corpulenta Dorottya, desnudaron a la muchacha, la degollaron y llenaron un barreño con su sangre. Isabel se bañó en la sangre, o al menos se embadurnó con ella todo el cuerpo, y probablemente la bebió, para recuperar la juventud. Entre 1604 y 1610, los agentes de Isabel se dedicaron a proveerla de jóvenes entre 9 y 16 años para sus rituales sangrientos. En un intento de mantener las apariencias, habría convencido al pastor protestante local para que sus víctimas tuviesen entierros cristianos respetables. Cuando la cifra comenzó a subir, éste comenzó a manifestar sus dudas: morían demasiadas chicas por "causas misteriosas y desconocidas", así es que ella le amenazó para que callase y comenzó a enterrar en secreto los cuerpos desangrados. Esta es, al menos, la versión de este pastor, que fue quien la denunció "oficialmente" al rey Matías II de Hungría a través de la curia clerical. Más adelante, en la época en la que los errores de Gábor la pusieron en una delicada situación política, tomó la costumbre de quemar los genitales a algunas sirvientas con velas, carbones y hierros al rojo vivo por pura diversión. También generalizó su práctica de beber la sangre directamente mediante mordiscos en las mejillas, los hombros o los pechos. Para estas cuestiones privadas se apoyaba en la fuerza física de Dorottya Szentes, que aunque ya mayor, seguía siendo muy capaz de inmovilizar a cualquier joven en la posición requerida. Esto ocurrió mientras estuvo en Viena. En 1609 Isabel, por la falta de sirvientas en la zona como consecuencia de tantos crímenes que ya hacían desconfiar a la gente humilde, cometió el error que acabaría con ella: utilizando sus contactos, comenzó a tomar a niñas y adolescentes de buenas familias para educarlas y que le hicieran compañía. Algunas de ellas comenzaron a morirse pronto por las mismas causas misteriosas, lo cual no era raro en aquella época, con sus elevadísimas tasas de mortalidad infantil y juvenil, pero en el "internado" de Čachtice el número de fallecimientos era demasiado alto. Ahora las víctimas eran hijas de la aristocracia menor, por lo que sus muertes eran consideradas importantes. La bruja Anna Darvulia le habría prevenido que nunca tomara nobles, pero esta anciana había fallecido algún tiempo atrás. Fue su amiga Erszi Majorova, viuda de un rico granjero que vivía en la cercana localidad de Milova, quien convenció a la condesa de que no pasaría nada. Hacia el final, muchos cuerpos se ocultaron en lugares peligrosamente insensatos, como campos cercanos, silos de grano, el río que corría bajo el castillo, el jardín de verduras de la cocina... Finalmente, una de las víctimas logró

escapar antes de que la matasen e informó a las autoridades religiosas. Esto era algo que había ocurrido varias veces en el pasado, con sirvientas; por ejemplo, en el otoño de 1609:

«...Una joven de doce años llamada Pola logró escapar del castillo de algún modo y buscó ayuda en una villa cercana. Pero Dorka y Helena se enteraron de dónde estaba por los alguaciles, y tomándola por sorpresa en el ayuntamiento, se la llevaron de vuelta al Castillo de Čachtice por la fuerza, escondida en un carro de harina. Vestida sólo con una larga túnica blanca, la condesa Erzsébet le dio la bienvenida de vuelta al hogar con amabilidad, pero llamaradas de furia salían de sus ojos; la pobre ni se imaginaba lo que le esperaba. Con la ayuda de Piroska, Ficzko y Helena arrancó las ropas de la doceañera y la metieron en una especie de jaula. Esta particular jaula estaba construida como una esfera, demasiado estrecha para sentarse y demasiado baja para estar de pie. Por su [cara] interior, estaba forrada de cuchillas del tamaño de un dedo pulgar. Una vez que la muchacha estuvo en el interior, levantaron bruscamente la jaula con la ayuda de una polea. Pola intentó evitar cortarse con las cuchillas, pero Ficzko manipulaba las cuerdas de tal modo que la jaula se balancease de lado a lado, mientras que desde abajo Piroska la punzaba con un largo pincho para que se retorciera de dolor. Un testigo afirmó que Piroska y Ficzko se dieron al trato carnal durante la noche, acostados sobre las cuerdas, para obtener un malsano placer del tormento que con cada movimiento padecía la desdichada. El tormento terminó al día siguiente, cuando las carnes de Pola estuvieron despedazadas por el suelo.»

Esta descripción tiene su parecido con otro artilugio de tortura utilizado por Báthory, llamado «doncella de hierro», el cual era una especie de sarcófago que reflejaba la silueta de una mujer y que por dentro tenía afilados pinchos. Este artilugio se abría para introducir a la víctima y luego encerrarla para que los pinchos se incrustaran en su cuerpo. Es imposible saber, hoy en día, qué sucedió realmente. Desde el punto de vista psiquiátrico, Isabel Báthory sería una anomalía que se sale del patrón común de todos los asesinos en serie conocidos. En la Europa del Este de la época era común castigar cruelmente a siervos y pupilos, y ejecutar incluso a pequeños delincuentes de las maneras más espantosas. Quizás fuera sádica, y en consecuencia se aplicara especialmente a la hora de imponer disciplina, o incluso obligara a sus sirvientas a tomar parte en prácticas sadomasoquistas más o menos extremas, ninguna novedad para la nobleza de su tiempo, cuya impunidad y poder legal les permitía tratar a la servidumbre como quisieran. Es muy probable que a todo eso se le añadiese una campaña de difamación debido a su apoyo a Gábor I Báthory en la guerra contra los alemanes, la propaganda de este estilo para desestabilizar el poder de un noble no estaba fuera de lo normal en aquella época y era bastante común en esa zona geográfica. O quizás fue realmente una torturadora y asesina en serie amparada en su estatus, que sólo se perdió cuando por falta de nuevas víctimas entre la plebe recurrió a las hijas que formaban parte de la nobleza menor.

(Tomado de Wikipedia)

ASESINATO S.A. (Murder Inc.)

 

Murder inc.
Asesinato S.A. o los Chicos de Brownsville; (conocidos en los círculos del Crimen organizado como La Combinación) fue el nombre dado por la prensa Estadounidense a un grupo de sicarios del crimen organizado que tuvieron actividad en la década de 1920 hasta la década de 1940 en donde cometieron cientos de asesinatos en nombre de la mafia italiana y la mafia judio estadounidense de los Estados Unidos y donde formaron los primeras bandas del crimen organizado en Nueva York y en otros lugares de la Unión Norteamericana. El nombre fue una invención periodística. En su biografía el arrepentido mafioso, Joe Valachi, insistió en que Murder, Inc. no cometió crímenes a nombre de la mafia.

Origen

La Banda Bugs (Bugsy) and Meyer fue el predecesor de Murder, Inc. La banda fue fundada por los mafiosos judíos Meyer Lansky y Bugsy Siegel a principios de 1920. Después de la Guerra Castellammarese de la Mafia italiana y el asesinato en Estados Unidos del jefe de la mafia Salvatore Maranzano, el mafioso italiano Charles"Lucky" Luciano creó la famosa Comisión. Poco después, Siegel y Lansky disolvieron la banda y crearon Murder, Inc.. Fundación y actividades En 1929, bajo el liderazgo de "Lucky" Luciano, se creó, con el fin de controlar los negocios ilegales del juego, la prostitución y las drogas en todo el territorio estadounidense, una organización criminal que más tarde sería conocida popularmente como "Sindicato del Crimen" o "La Comisión", y que reunía a jefes mafiosos de todo el país junto con las llamadas "Cinco Familias" de Nueva York. Para resolver expeditivamente los problemas que pudieran presentárselas, dos de los hombres de confianza de Luciano, Bugsy Siegel y Meyer Lansky, organizaron una banda de asesinos, conocida popularmente como Murder, Inc.

Cuando Siegel y Lansky se trasladaron a la costa oeste, Luciano dio a Louis Buchalter el control de la banda, como recompensa por su ayuda durante la llamada "Guerra Castellammarese".Según los expertos en el tema, Murder, Inc. fue responsable de entre 400 y 800 asesinatos. Se atribuyen a "Lepke"

aproximadamente un centenar de homicidios. Algunos de los pistoleros a sus órdenes fueron Abe "Kid Twist" Reles, Seymour "Blue Jaw" Magoon, Frank "Dasher" Abbandando, Harry "Happy" Maione, Albert "Tick-Tock" Tannenbaum, y Harry "Pittsburgh Phil" Strauss (apodado "Pittsburgh Phil" a pesar de no tener ninguna relación con dicha ciudad). Tristemente célebre se hizo también otro de los asesinos del grupo, Albert "Mad Hatter" Anastasia. En 1935, Dutch Schultz, que se enfrentaba a un proceso por evasión de impuestos, solicitó a "la Comisión" que acabase con el fiscal especial encargado de su caso, Thomas E. Dewey Dada la relevancia social de Dewey, "la Comisión" se negó hacer el trabajo; más aún, se decidió acabar con Schultz para evitar posibles problemas, ya que éste había declarado que se encargaría él mismo de acabar con Dewey. El 23 de octubre de 1935, dos hombres de "Lepke", Mendy Weiss y Charlie "The Bug" Workman asesinaron a Schultz y a miembros de su banda en Newark (New Jersey).

Métodos

La mayoría de los asesinos eran mafiosos italianos y judíos de las bandas del área de Brooklyn, Brownsville, East New York y Ocean Hill. Además de llevar a cabo crímenes en la ciudad de Nueva York y de actuar como agentes del mafioso judío Louis Buchalteren Nueva York y otras partes de los Estados Unidos, aceptaron contratos de asesinato de los jefes de la mafia en toda la Union Americana. En su libro biográfico Los papeles Valachi de Joe Valachi, insistió en que Murder, Inc. no cometió crímenes a nombre de la mafia, pero esto se contradice con otras fuentes, y Albert Anastasia era parte de este grupo de sicarios.

Con sede de sus operaciones criminales en la parte exterior de la confitería de Rosie "Midnight Rose" Gold's en la esquina de Saratoga y Avenida Livonia en Brooklyn, los sicarios de Murder, Inc. utilizaban una amplia variedad de armas de fuego, cuchillos, incluyendo pica hielos, para asesinar a sus víctimas. A pesar que la banda de sicarios tenía un gran número de miembros, Harry "Pittsburgh Phil" Strauss era el asesino más prolífico, cometiendo más de 100 asesinatos (algunos historiadores sitúan el número tan alto como 500 muertos).

Los asesinos se les paga un salario regular como retenedor, así como una tasa media de 1.000 dólares a 5.000 dólares por homicidio. Sus familias también recibieron beneficios monetarios. Si los asesinos eran capturados, la Comisión (mafia americana) iba a contratar a los mejores abogados para su defensa.

Miembros

1. Louis "Lepke" Buchalter – CABECILLA

2. Albert Anastasia, sucedió a Buchalter en el mando de la Banda Murder, Inc. Posteriormente fue jefe y líder de la "Familia criminal Gambino" desde1951 hasta 1957, cuando fue asesinado.

3. Aniello Dellacroce.

4. Bugsy Siegel, Fundador y líder de la banda

5. Abe Reles

6. Philip Kovolick, Líder Chantajista de la Banda y Narcotraficante

7. Martin Goldstein.

8. Harry Strauss.

9. Louis Capone.

10. Albert Tannenbaum.

11. Seymour Magoon.

12. Harry Maione.

13. Emanuel Weiss.

14. Hyman Holtz.

15. Jacob Shapiro.

16. Frank Abbandando.

17. Louis Cohen.

18. Frankie Carbo.

19. Lou Kravitz.

20. Samuel Levine.

21. Joe Adonis.


JACK EL DESTRIPADOR

 

Jack El Destripador

Asesino en serie no identificado que actuó en Londres en el siglo XIX Jack el Destripador (Jack the Ripper en inglés) es el nombre dado a un asesino en serie sin identificar al que se le atribuyen al menos cinco homicidios en el barrio londinense de Whitechapel (East End) en 1888, y cuyo modus operandi estuvo caracterizado por cortes en la garganta, mutilaciones en las áreas genital y abdominal, extirpación de órganos y desfiguración del rostro de mujeres que se dedicaban a la prostitución. Jamás fue atrapado; mató a cinco mujeres pero se le atribuyen más víctimas.

A pesar de esto, la policía de Whitechapel considera que no fue solamente una persona la que cometió los atroces. Si bien la Policía Metropolitana de Londres, en coordinación con Scotland Yard, imputó solo cinco asesinatos al mismo individuo, sus registros incluyeron seis crímenes más que conformaron el expediente de Whitechapel. Entre 1887 y 1891 la prensa atribuyó otra serie de homicidios al Destripador, aunque existen discrepancias sobre este vínculo. Pese a que se investigó aproximadamente a trescientos sospechosos, la investigación policíaca resultó ineficaz en el esclarecimiento de la identidad del asesino serial, y fue objeto de burla y polémica por parte de la prensa. Esto derivó en el establecimiento de un comité ciudadano encargado de patrullar las calles de Whitechapel, identificar a posibles sospechosos e investigar por su cuenta los asesinatos.

Aunque el autor de los crímenes nunca fue identificado, surgieron varias teorías y sospechas por parte de la policía, prensa y autores para explicar los posibles conocimientos quirúrgicos, profesión u ocupación y salud mental del homicida.

Algunos de los sospechosos a los que se investigó fueron Montague Druitt, Severin Klosowski, Aaron Kosminski y Francis Tumblety. La policía recibió al menos tres cartas supuestamente firmadas por el asesino, en las que este se mofaba de las investigaciones y amenazaba con seguir asesinando a prostitutas. Una de las misivas estaba firmada por «Jack el Destripador» y a partir de ese entonces el asesino comenzó a ser referido por este apodo.

Contexto histórico

A mediados del siglo las principales demarcaciones británicas, entre ellas el East End de Londres donde se encuentra Whitechapel, tenían sobre población debido al flujo de inmigrantes irlandeses y al arribo de refugiados judíos del este de Europa y de la Rusia imperial a partir del año 1882. Este problema repercutió en el decaimiento de los niveles de empleo y calidad de vida y llevó a la proliferación de una amplia clase baja caracterizada por la pobreza, el crimen y la violencia, el alcoholismo y la prostitución. De acuerdo a estimaciones de la Policía Metropolitana de Londres, en octubre de 1888 había 62 burdeles y 1200 prostitutas en Whitechapel. También eran comunes las manifestaciones y protestas por la situación económica entre 1886 y 1890, entre las cuales sobresalió el Domingo Sangriento de 1887. Whitechapel tenía particularmente mala reputación por los casos de antisemitismo, racismo, delincuencia, disturbios sociales y suma pobreza. Tal percepción como reducto de inmoralidad llegó a su punto álgido en 1888, cuando la prensa comenzó a prestar una cobertura sin precedentes a una serie de grotescos y atroces homicidios atribuidos a «Jack el Destripador».

Asesinatos

Si bien la elevada cantidad de ataques contra mujeres del East End en esa época complicó la averiguación de cuántos de esos asesinatos habían sido cometidos por un mismo individuo, la Policía Metropolitana de Londres identificó once homicidios ocurridos en Whitechapel entre abril de 1888 y febrero de 1891. Aunque no había certeza para asegurar que todos habían sido obra de una misma persona, cinco de ellos sí tenían varios elementos en común y se atribuyeron a Jack el Destripador, cuyo modus operandi se caracterizaba por cortes en la garganta, mutilaciones en el área genital y abdominal, extirpación de órganos ydesfiguración del rostro. Estos asesinatos suelen denominarse «los cinco canónicos» para distinguirlos del resto del expediente de Whitechapel; no figuran entre ellos los dos primeros casos: las muertes de Emma Elizabeth Smith y Martha Tabram. Smith fue asaltada y abusada sexualmente en la calle Osborn del citado barrio el 3 de abril de 1888. Murió al día siguiente en el London Hospital por peritonitis ocasionada por la inserción de un objeto desafilado en su vagina. En su declaración, ella dijo que había sido atacada por dos o tres hombres, uno de los cuales era un adolescente, razón por la que se descartó este caso del expediente del Destripador. Tabram murió el 7 de agosto del mismo año, víctima de 39 puñaladas. Si bien la policía lo asoció con los cinco canónicos debido a la crueldad, la ausencia de un motivo aparente y la cercanía de la zona donde ocurrió — George Yard, Whitechapel— con las de las otras muertes, en realidad el ataque difería del modus operandi anteriormente señalado: Tabram no tenía cortes en la garganta ni el abdomen, y sus heridas no

seguían el patrón identificado en el expediente de los cinco canónicos.

Los cinco canónicos...

La policía encontró el cuerpo de la primera víctima canónica, Mary Ann Nichols, a las 3:40 de la mañana del viernes 31 de agosto de 1888, en Buck's Row —actual calle Durward—, Whitechapel. Tenía un par de cortes en la garganta, el abdomen parcialmente rasgado con una profunda hendidura y varias incisiones hechas con el mismo cuchillo.

El cadáver de Annie Chapman apareció días después, el sábado 8 de septiembre, aproximadamente a las 6 de la mañana, cerca de la entrada del patio interior de la calle Hanbury, Spitalfields. Tenía dos incisiones en la garganta al igual que ocurriera con Nichols. Sin embargo, en el caso de Chapman su vientre había sido completamente apuñalado y le habían extirpado el útero. Un testigo afirmó haber visto a Chapman media hora antes del hallazgo junto con un hombre de cabello oscuro y con apariencia de un «gentil venido a menos».

Cadáver de Mary Jane Kelly.

Los asesinatos de Elizabeth Stride y de Catherine Eddowes ocurrieron en la madrugada del domingo 30 de septiembre; el cuerpo de la primera fue descubierto a la 1 en Dutfield's Yard — actual calle Henriques— y tenía un corte en el lado izquierdo del cuello que le dañó la arteria carótida. Sin embargo, no presentaba incisiones en el abdomen, lo cual planteó dudas sobre la autoría del Destripador, o si en todo caso este había sido interrumpido durante el ataque. Aunque testigos declararon haber visto antes a Stride con un hombre, sus testimonios tuvieron irregularidades: unos dijeron que el acompañante era rubio y otros que era de tez más oscura; e inclusive unos afirmaron que vestía de forma andrajosa, pero otros argumentaron lo contrario. Cuarenta y cinco minutos después, la policía halló el cadáver de Eddowes en Mitre Square, en la City de Londres. Tenía la garganta cortada, una incisión profunda y extensa en el abdomen y le habían extirpado el riñón izquierdo y la mayor parte del útero. Joseph Lawende, vecino que dijo haber pasado por esa calle con dos amigos poco antes del asesinato, declaró que había visto a una mujer con un hombre rubio y de aspecto descuidado. No obstante, sus amigos no pudieron avalar esa descripción. Se encontró el delantal ensangrentado de Eddowes cerca de la entrada de un edificio departamentos, en la calle Goulston, y un grafiti en la pared —justo encima de donde estaba la prenda— que parecía implicar a un judío aunque no se pudo comprobar si el grafiti había sido escrito por el homicida o si se trataba de una simple coincidencia, ya que este tipo de textos ilícitos eran comunes en Whitechapel en esa época. Charles Warren, comisionado de la policía, pidió que retiraran el grafiti antes del amanecer bajo la sospecha de que habría incitado protestas antisemitas. Finalmente, la policía encontró el cuerpo mutilado y destripado de Mary Jane Kelly sobre la cama de su recámara en Miller's Court, Spitalfields, a las 10:45 de la mañana del viernes 9 de noviembre. Tenía un corte que iba desde la garganta hasta la espina dorsal y le habían extraído todos los órganos abdominales y el corazón.

Los cinco asesinatos canónicos ocurrieron por la noche, generalmente durante un fin de semana y al término de un mes. También puede deducirse que cada asesinato resultó más severo que el anterior, excepto el de Stride, cuyo ataque presumiblemente fue interrumpido. El cuerpo de Nichols tenía todos sus órganos, pero a Chapman y Eddowes le extrajeron el útero, mientras que esta última y Kelly presentaban mutilaciones en el rostro.

El vínculo entre estos cinco crímenes se remonta a documentos posteriores en los que son excluidos de otros asesinatos. Por ejemplo, en una carta escrita por el médico forense Thomas Bond al encargado del CID —siglaen inglés del Departamento de Investigación Criminal— de Londres, y que data del 10 de noviembre de 1888, ya aparecen relacionadas las cinco víctimas canónicas. Para algunos analistas, ciertos asesinatos de Whitechapel indudablemente fueron obra del mismo individuo, pero en otros actuó un número desconocido de homicidas. Tal fue el caso de los autores Stewart P. Evans y Donald Rumbelow, que catalogaron al expediente de los canónicos como «el mito del Destripador» al considerar que, si bien los casos de Nichols, Chapman yEddowes guardan similitudes entre sí, no hay evidencia de que los asesinatos de Stride y Kelly hubiesen sido cometidos por la misma persona. Inclusive hay quienes argumentan que el homicidio de Tabram sí encaja con el expediente de los canónicos. El doctor Percy Clark, auxiliar del médico forense George Bagster Phillips, concluyó que tres de las muertes habían sido cometidas por el mismo individuo, mientras que el resto había sido obra de «individuos de mente débil ... con la convicción de imitar [la serie original de crímenes]». Aunque el nuevo encargado del CID, Melville Macnaghten, señaló categóricamente en un reporte que «el asesino de Whitechapel tuvo cinco víctimas, nada más», hay que hacer notar que Macnaghten había entrado en la policía un año después de las muertes canónicas y que su memorándum incluía errores en la descripción de los posibles sospechosos.

Resto del expediente

...Kelly es considerada como la última víctima del Destripador, cuya ola de crímenes debió cesar ya sea por su muerte, arresto o migración. No obstante, el expediente de Whitechapel incluye otros cuatro homicidios ocurridos después de los cinco canónicos.

La policía encontró el cuerpo de Rose Mylett en Clarke's Yard, calle High, Poplar, el 20 de diciembre de 1888. Aunque había sido estrangulada no mostraba indicios de forcejeo, motivo por el que pensaron que se había ahorcado accidentalmente en estado de ebriedad, o que se había suicidado. Pese a lo anterior, el perito concluyó que Mylett había sido asesinada. Casi seis meses después, el 17 de julio de 1889, el cadáver de Alice McKenzie apareció en Castle Alley, Whitechapel. Tenía una herida en la arteria carótida izquierda y varias contusiones y cortaduras leves. Uno de los forenses que examinó el cuerpo, Thomas Bond, creyó que se trataba de una víctima más del Destripador, aunque su compañero George Bagster Phillips opinó lo contrario al haber revisado los cadáveres canónicos. Algunos autores opinaron que el homicida de McKenzie había imitado el modus operandi de Jack para despistar a la policía, pero otros aseguraron que era obra del Destripador. El asesino de la siguiente mujer de Whitechapel la decapitó y le amputó las piernas, y arrojó el torso mutilado debajo de un arco ferroviario en la calle Pinchin. En el lugar del hallazgo, el 10 de septiembre del mismo año, la policía encontró varias partes dispersas del cuerpo, por lo que no pudo validarse que la hubieran asesinado ahí. El cadáver de la última víctima del expediente de Whitechapel también apareció debajo de un arco ferroviario el 13 de febrero de 1891, en la calle Swallow Gardens. Su cuerpo estaba intacto excepto por un corte en la garganta. Algunos testigos dijeron haber visto poco antes a la mujer con un tipo, llamado James Thomas Sadler, a quien la policía luego localizó y arrestó por el delito de asesinato. Incluso se llegó a pensar que él era Jack el Destripador. Sin embargo, fue absuelto de los cargos y puesto en libertad el 3 de marzo por falta de pruebas incriminatorias.

Otras supuestas víctimas...

Además de los once asesinatos de Whitechapel, la opinión pública atribuyó otros homicidios a Jack el Destripador, aunque en algunos casos no hubo evidencia para corroborar que dichas muertes hubiesen ocurrido. Tal fue el caso del asunto «Fairy Fay», nombre con el que se le conoció a una supuesta víctima hallada el 26 de diciembre de 1887 con «una estaca en el abdomen». No existen registros de la policía de ningún homicidio ocurrido durante la temporada navideña de ese año, y varios autores coinciden en que este homicidio jamás sucedió. Una explicación señaló que la prensa se había equivocado al reportar el asesinato de Smith, una de las víctimas canónicas que tenía un palo u objeto desafilado en la vagina, y por error había dado origen al caso «Fairy Fay». Hubo casos en que las víctimas salían convida del presunto ataque del Destripador, como Annie Millwood, que ingresó el 25 de febrero de 1888 a la enfermería de la workhouse de Whitechapel con heridas de puñaladas en las piernas y la parte baja del abdomen. Aunque fue dada de alta, murió el 31 de marzo debido a causas naturales; [70] Ada Wilson, que sobrevivió a dos puñaladas en el cuello el 28 de marzo del mismo año; o Annie Farmer, que vivía con Tabram en la misma hostería y tenía un corte superficial en el cuello, posiblemente auto infligido, tras ser atacada el 21 de noviembre.

La prensa se refirió como «el misterio de Whitehall» al hallazgo del torso decapitado de una mujer en el sótano de las nuevas oficinas de la Policía Metropolitana, en la calle Whitehall, el 2 de octubre de 1888. Anteriormente el brazo de la víctima había sido encontrado flotando en el río Támesis, cerca de Pimlico, y una de sus piernas yacía enterrada cerca de donde estaba el torso. Ya que la policía no pudo encontrar el resto de extremidades ni la cabeza, jamás pudo ser identificada. Tanto el caso de Whitehall como el de la calle Pinchin —uno de los once del expediente de Whitechapel— involucraban el hallazgo de torsos mutilados de mujeres, razón por la que se les catalogó como «los misterios del Támesis», atribuidos a un solo homicida apodado como «el asesino de los torsos». No ha podido comprobarse que este último haya sido el mismo Destripador de las muertes canónicas, pero el modus operandi del asesino de los torsos difería del de Jack. Una tercera mujer, cuyas extremidades fueron recogidas del río Támesis entre el 2 y el 25 de junio de 1889, podría tratarse del tercer asesinato del homicida del torso.

El 29 de diciembre de 1888 se halló el cuerpo de John Gill, un niño de siete años, en Manningham, Bradford. De forma parecida a Kelly —la última de las víctimas canónicas—, tenía las piernas heridas y una oreja amputada, el abdomen seccionado y le habían extraído los intestinos y el corazón. La prensa especuló que había sido obra del Destripador, y aunque el empleador del niño, el lechero William Barrett, fue arrestado en dos ocasiones al ser acusado por evidencia circunstancial, al final fue puesto en libertad y la policía no procesó a ningún otro sospechoso. El cadáver de la estadounidense Carrie Brown apareció el 24 de abril de 1891 en Nueva York y, además de haber sido estrangulada, tenía un tenedor incrustado en la ingle y cortaduras superficiales en las piernas y la espalda. Aunque el cuerpo tenía todos sus órganos, la policía encontró un ovario en su cama. Cabe señalarse que, al igual que ocurriera en el East End de Londres, Nueva York tuvo un flujo considerable de inmigrantes irlandeses en 1860. Si bien la prensa comparó este homicidio con los de Jack el Destripador, la Policía Metropolitana de Londres descartó cualquier vínculo entre estos. Investigación Caricatura de John Tenniel, que data del 22 de septiembre de 1888, en la cual se critica la supuesta incompetencia de la policía en la investigación del expediente de Whitechapel, reforzada por el hecho de que el asesino nunca fue capturado. Los documentos policíacos sobre los asesinatos de Whitechapel permiten conocer cómo era el procedimiento de investigación en la época victoriana: para recabar información, un extenso equipo de oficiales iban de casa en casa y sondeaban a los vecinos. El material forense mientras tanto era analizado por personal calificado. Cuando se identificaba a los sospechosos, la investigación se hacía más a fondo y, dependiendo de los resultados obtenidos, se decidía ya sea procesarlos o descartarlos del expediente. Desde entonces ha sido el método utilizado en las investigaciones policíacas contemporáneas.

En relación a los asesinatos de Whitechapel, la policía entrevistó a más de dos mil personas, investigó aproximadamente a trescientas, y detuvo a ochenta. La división criminal del Departamento de Investigación (CID) de la Policía Metropolitana de Whitechapel (H), encabezada por el inspector Edmund Reid, llevó a cabo las investigaciones de los primeros dos casos del expediente de Whitechapel. Tras la muerte de Nichols, la oficina central de Scotland Yard envió a los inspectores Frederick George Abberline, Henry Moore y Walter Andrewspara esclarecer el caso. La policía de la City de Londres se involucró a partir del homicidio de Eddowes, por medio del detective James McWilliam. Pese a lo anterior, las investigaciones se vieron obstruidas debido a que el encargado recién electo del CID, Robert Anderson, había solicitado una licencia de trabajo en Suiza entre el 7 de septiembre y 6 de octubre de 1888, período en que ocurrieron los homicidios de Chapman, Stride y Eddowes. Por tal motivo Charles Warren, comisionado de la Policía Metropolitana, nombró a Donald Swansoncomo coordinador de las investigaciones de Scotland Yard.

Insatisfechos con el esfuerzo policial, un grupo de ciudadanos del East End de Londres comenzó a patrullar las calles bajo el mote de «Comité de Vigilancia de Whitechapel», cuyo objetivo era encontrar a posibles sospechosos de los asesinatos. Además de contratar a detectives privados para entrevistar a presuntos testigos, le sugirieron al gobierno que ofreciera una recompensa a cambio de información sobre el homicida, a manera de alternativa para recabar más información. Debido al tipo de heridas de las víctimas, la policía consideró inicialmente como sospechosos a los carniceros, cirujanos y médicos. De acuerdo a un reporte elaborado por el inspector Swanson y dirigido a la oficina central, se visitaron carnicerías y mataderos e investigaron a sus empleados durante seis meses. Esta hipótesis venía reforzada por la propia reina Victoria, para quien el culpable debía ser un carnicero o ganadero proveniente de alguna de las embarcaciones de ganado que operaban entre Londres y la Europa Continental, tomando en cuenta la cercanía de Whitechapel respecto a los muelles de Londres y el atraco de estos barcos cada jueves o viernes, y su partida el sábado o domingo, lo cual coincidía con los días en que habían ocurrido las muertes. Pese a lo anterior, lo cierto es que ninguno de los asesinatos ocurrió durante alguna de las fechas de arribo de los barcos, lo cual llevó a la policía a desestimar esta conjetura.

Perfil criminal

...A finales de octubre, Anderson le pidió al médico forense Thomas Bond que evaluara las heridas de las víctimas y ofreciera su punto de vista con respecto a los posibles conocimientos quirúrgicos del homicida. Bond elaboró su dictamen basándose en el examen del cadáver con mayores mutilaciones y los registros de autopsia del resto de las víctimas canónicas. Su descripción, considerada como uno de los perfiles criminales más antiguos de los que se tenga registro, decía textualmente: No cabe duda que los cinco asesinatos fueron cometidos por la misma mano. En las primeras cuatro [víctimas], las gargantas parecen haber sido cortadas de izquierda a derecha y en la última, debido a la extensa mutilación, es imposible decir en qué dirección se hizo el corte fatal, aunque se encontró sangre arterial

en la pared, salpicada cerca de donde la cabeza de la mujer debió haber estado. Las circunstancias en torno a los asesinatos me llevan a deducir que las mujeres estaban recostadas al momento de ser asesinadas, y en todos los casos [el homicida] cortó primero la garganta. Bond rechazó la idea de que el asesino contara con conocimientos científicos o anatómicos, o «el entendimiento técnico de un carnicero o matarife», y en cambio argumentó que debía tratarse de un hombre solitario, sujeto a «ataques periódicos de manía homicida o erótica» e hipersexual dado el tipo de mutilaciones. También señaló que «el impulso homicida podría haber surgido de alguna condición mental de venganza o melancolía, o una manía religiosa, aunque no creo que ninguna de estas hipótesis sea [procedente]».Si bien no hubo evidencia alguna de actividades sexuales entre el asesino y sus víctimas, algunos psicólogos supusieron que la penetración de las víctimas con un cuchillo y «la exhibición de los cadáveres en posiciones sexualmente degradantes con las heridas expuestas» son indicativos de que el

responsable obtenía placer sexual con los ataques, aunque para otros especialistas dicha suposición no puede ser comprobada.

Ante la escasez de evidencia forense y lasvarias contradicciones de fuentes contemporáneas sobre el caso, resulta casi imposible esclarecer la identidad deJack el Destripador. Aunque existen análisis de ADN realizados a partir de las cartas atribuidas al homicida, lo cierto es que sus resultados no fueron concluyentes y ya están demasiado adulterados como para proporcionar algún dato útil. Pese a lo anterior, existen varias teorías sobre la identidad de Jack el Destripador. Una de las más difundidas en esa época señalaba que el asesino debía vivir en Whitechapel y tener un empleo estable, ya que los crímenes ocurrieron en fines de semana próximos a fechas festivas, y en calles cercanas entre sí. También se pensó que el responsable podía ser un hombre culto y de clase alta, posiblemente un doctor o aristócrata, que había llegado al barrio procedente de un sector más opulento, aunque dichas suposiciones podrían haber obedecido a estereotipos culturales como el temor a los médicos, la desconfianza en la ciencia, o la explotación de los pobres por los ricos.

En los años siguientes a los asesinatos, los registros señalan que la policía tenía sospechas de cualquier persona que estuviese remotamente vinculada con el caso, así como de varias celebridades que ni siquiera habían sido investigadas en la pesquisa original. Con el paso del tiempo, y la muerte de aquellos que vivían en esa época, autores contemporáneos han tenido soltura para acusar a cualquiera «sin necesidad de evidencia histórica». Si bien un memorándum de Meville Macnaghten de 1894 contenía los nombres de tres sospechosos referidos en los registros policíacos de entonces, lo cierto es que la evidencia contra ellos erameramente circunstancial y por lo tanto no fueron procesados. En total hubo más de cien sospechosos de ser el Destripador.

Cartas

La prensa y la policía recibieron numerosas cartas en el transcurso de los asesinatos de Whitechapel, y si bien algunas consistían en propuestas para ayudar a la captura del asesino, la mayoría no tuvieron utilidad en la pesquisa. No obstante, cientos de dichas cartas supuestamente eran de la autoría del Destripador, y tres de ellas resultaron notables: la carta «Querido jefe», la postal «Saucy Jacky» y la carta «Desde el infierno». La carta «Querido jefe» data del 25 de septiembre de 1888 y fue recibida inicialmente por la Central News Agency el 27 de septiembre, fecha que coincidía con el matasellos. El medio informativo le reenvió el documento a Scotland Yard dos días después. Al principio se le consideró como un bulo, sin embargo el documento cobró notoriedad después del hallazgo del cuerpo de Eddowes, puesto que el cadáver carecía de una oreja y la carta, enviada tres días antes del asesinato, incluía la amenaza de «cercenar las orejas de la dama». Pese a lo anterior, las investigaciones concluyeron que la oreja de Eddowes había sido incidentalmente cortada por el asesino durante su ataque. A lo anterior se suma el hecho de que el documento también afirmaba que el autor habría de enviar las orejas de su víctima a la policía, lo cual no ocurrió. La importancia de esta carta radica igualmente en que su autor usó por primera vez el mote «Jack el Destripador» para referirse a sí mismo, y desde entonces la prensa y policía, que solían llamarlo «Mandil de cuero», comenzaron a denominarlo así. Algunas fuentes señalaron que el apodo en realidad había sido utilizado originalmente en una carta del 17 de septiembre del mismo año, sin embargo no hubo consenso en validar esta suposición y se le consideró como un bulo en los registros del siglo policía.

La carta «Desde el infierno». De igual forma la Central News Agency recibió la postal «Saucy Jacky» el 1 de octubre, fecha del matasellos. Cabe señalarse que la caligrafía y el tono eran similares a los de la carta «Querido jefe». El autor aseguraba que dos víctimas más habían sido asesinadas en sitios cercanos entre sí, y calificaba el homicidio como «un doble evento», supuestamente en alusión a las muertes de Stride y Eddowes. Aunque se llegó pensar que la carta había sido enviada antes de que la policía hiciera públicos los asesinatos, de manera que hubiera sido improbable que alguien más tuviera

conocimiento del doble evento en ese momento, lo cierto es que la fecha del matasellos indicaba que su autor había enviado el documento más de 24 horas después de las muertes, cuando ya los medios daban cobertura de lo sucedido a la población. George Lusk, líder del Comité de Vigilancia de Whitechapel, recibió la carta «Desde el infierno» el 16 de octubre. No obstante, al ser comparada con las cartas anteriores, el documento tenía otra caligrafía y estilo de redacción. La carta venía en una pequeña caja que también contenía la mitad de un riñón preservado en etanol, y el autor aseguraba que se había comido el resto del órgano frito. Aunque algunas fuentes dedujeron que el riñón le pertenecía a Eddowes, cuyo cadáver carecía de dicho órgano, otras referencias concluyeron que se trataba solamente de una broma macabra. El cirujano inglésThomas Openshaw, del London Hospital, examinó el riñón y determinó que sí era humano y provenía del costado izquierdo de la víctima. No obstante, fue incapaz de establecer otra característica biológica. Más tarde el médico recibió otra carta firmada por el Destripador. Scotland Yard publicó el 3 de octubre facsímiles de la carta «Querido Jefe» y de la postal con la esperanza de que alguien reconociera la caligrafía. En opinión de Warren: «creo que todo esto se trata de un bulo, pero estamos obligados de cualquier forma a encontrar al autor [de los documentos]». El 7 de octubre, George R. Sims explicó en el rotativo dominical Referee que la carta había sido escrita por un periodista para acrecentar la popularidad de un periódico.

Basándose en esa hipótesis, la policía confirmó poco después haber identificado a un periodista como el responsable de las misivas, llamado Tom Bullen, según una carta enviada por el inspector John Littlechild a George R. Sims el 23 de septiembre de 1913. No fue sino hasta 1931 que el periodista Fred Bestconfesó que él y un colega de The Star habían escrito las cartas firmadas por Jack el Destripador con tal de acrecentar el interés en los homicidios de Whitechapel y «mantener vivo el negocio».

Aunque Jack el Destripador no fue el primer asesino serial, sus crímenes tuvieron una cobertura mediática sin precedentes gracias a las reformas fiscales aprobadas en los años 1850 que favorecieron la distribución masiva de rotativos de bajo precio. Durante la época victoriana este tipo de publicaciones tuvo un mayor auge, e incluyó a periódicos con precios tan asequibles como medio penique y revistas populares como Illustrated Police News, que encauzaron sus esfuerzos en dar publicidad al homicida.