miércoles, 11 de noviembre de 2020

JACK EL DESTRIPADOR

 

Jack El Destripador

Asesino en serie no identificado que actuó en Londres en el siglo XIX Jack el Destripador (Jack the Ripper en inglés) es el nombre dado a un asesino en serie sin identificar al que se le atribuyen al menos cinco homicidios en el barrio londinense de Whitechapel (East End) en 1888, y cuyo modus operandi estuvo caracterizado por cortes en la garganta, mutilaciones en las áreas genital y abdominal, extirpación de órganos y desfiguración del rostro de mujeres que se dedicaban a la prostitución. Jamás fue atrapado; mató a cinco mujeres pero se le atribuyen más víctimas.

A pesar de esto, la policía de Whitechapel considera que no fue solamente una persona la que cometió los atroces. Si bien la Policía Metropolitana de Londres, en coordinación con Scotland Yard, imputó solo cinco asesinatos al mismo individuo, sus registros incluyeron seis crímenes más que conformaron el expediente de Whitechapel. Entre 1887 y 1891 la prensa atribuyó otra serie de homicidios al Destripador, aunque existen discrepancias sobre este vínculo. Pese a que se investigó aproximadamente a trescientos sospechosos, la investigación policíaca resultó ineficaz en el esclarecimiento de la identidad del asesino serial, y fue objeto de burla y polémica por parte de la prensa. Esto derivó en el establecimiento de un comité ciudadano encargado de patrullar las calles de Whitechapel, identificar a posibles sospechosos e investigar por su cuenta los asesinatos.

Aunque el autor de los crímenes nunca fue identificado, surgieron varias teorías y sospechas por parte de la policía, prensa y autores para explicar los posibles conocimientos quirúrgicos, profesión u ocupación y salud mental del homicida.

Algunos de los sospechosos a los que se investigó fueron Montague Druitt, Severin Klosowski, Aaron Kosminski y Francis Tumblety. La policía recibió al menos tres cartas supuestamente firmadas por el asesino, en las que este se mofaba de las investigaciones y amenazaba con seguir asesinando a prostitutas. Una de las misivas estaba firmada por «Jack el Destripador» y a partir de ese entonces el asesino comenzó a ser referido por este apodo.

Contexto histórico

A mediados del siglo las principales demarcaciones británicas, entre ellas el East End de Londres donde se encuentra Whitechapel, tenían sobre población debido al flujo de inmigrantes irlandeses y al arribo de refugiados judíos del este de Europa y de la Rusia imperial a partir del año 1882. Este problema repercutió en el decaimiento de los niveles de empleo y calidad de vida y llevó a la proliferación de una amplia clase baja caracterizada por la pobreza, el crimen y la violencia, el alcoholismo y la prostitución. De acuerdo a estimaciones de la Policía Metropolitana de Londres, en octubre de 1888 había 62 burdeles y 1200 prostitutas en Whitechapel. También eran comunes las manifestaciones y protestas por la situación económica entre 1886 y 1890, entre las cuales sobresalió el Domingo Sangriento de 1887. Whitechapel tenía particularmente mala reputación por los casos de antisemitismo, racismo, delincuencia, disturbios sociales y suma pobreza. Tal percepción como reducto de inmoralidad llegó a su punto álgido en 1888, cuando la prensa comenzó a prestar una cobertura sin precedentes a una serie de grotescos y atroces homicidios atribuidos a «Jack el Destripador».

Asesinatos

Si bien la elevada cantidad de ataques contra mujeres del East End en esa época complicó la averiguación de cuántos de esos asesinatos habían sido cometidos por un mismo individuo, la Policía Metropolitana de Londres identificó once homicidios ocurridos en Whitechapel entre abril de 1888 y febrero de 1891. Aunque no había certeza para asegurar que todos habían sido obra de una misma persona, cinco de ellos sí tenían varios elementos en común y se atribuyeron a Jack el Destripador, cuyo modus operandi se caracterizaba por cortes en la garganta, mutilaciones en el área genital y abdominal, extirpación de órganos ydesfiguración del rostro. Estos asesinatos suelen denominarse «los cinco canónicos» para distinguirlos del resto del expediente de Whitechapel; no figuran entre ellos los dos primeros casos: las muertes de Emma Elizabeth Smith y Martha Tabram. Smith fue asaltada y abusada sexualmente en la calle Osborn del citado barrio el 3 de abril de 1888. Murió al día siguiente en el London Hospital por peritonitis ocasionada por la inserción de un objeto desafilado en su vagina. En su declaración, ella dijo que había sido atacada por dos o tres hombres, uno de los cuales era un adolescente, razón por la que se descartó este caso del expediente del Destripador. Tabram murió el 7 de agosto del mismo año, víctima de 39 puñaladas. Si bien la policía lo asoció con los cinco canónicos debido a la crueldad, la ausencia de un motivo aparente y la cercanía de la zona donde ocurrió — George Yard, Whitechapel— con las de las otras muertes, en realidad el ataque difería del modus operandi anteriormente señalado: Tabram no tenía cortes en la garganta ni el abdomen, y sus heridas no

seguían el patrón identificado en el expediente de los cinco canónicos.

Los cinco canónicos...

La policía encontró el cuerpo de la primera víctima canónica, Mary Ann Nichols, a las 3:40 de la mañana del viernes 31 de agosto de 1888, en Buck's Row —actual calle Durward—, Whitechapel. Tenía un par de cortes en la garganta, el abdomen parcialmente rasgado con una profunda hendidura y varias incisiones hechas con el mismo cuchillo.

El cadáver de Annie Chapman apareció días después, el sábado 8 de septiembre, aproximadamente a las 6 de la mañana, cerca de la entrada del patio interior de la calle Hanbury, Spitalfields. Tenía dos incisiones en la garganta al igual que ocurriera con Nichols. Sin embargo, en el caso de Chapman su vientre había sido completamente apuñalado y le habían extirpado el útero. Un testigo afirmó haber visto a Chapman media hora antes del hallazgo junto con un hombre de cabello oscuro y con apariencia de un «gentil venido a menos».

Cadáver de Mary Jane Kelly.

Los asesinatos de Elizabeth Stride y de Catherine Eddowes ocurrieron en la madrugada del domingo 30 de septiembre; el cuerpo de la primera fue descubierto a la 1 en Dutfield's Yard — actual calle Henriques— y tenía un corte en el lado izquierdo del cuello que le dañó la arteria carótida. Sin embargo, no presentaba incisiones en el abdomen, lo cual planteó dudas sobre la autoría del Destripador, o si en todo caso este había sido interrumpido durante el ataque. Aunque testigos declararon haber visto antes a Stride con un hombre, sus testimonios tuvieron irregularidades: unos dijeron que el acompañante era rubio y otros que era de tez más oscura; e inclusive unos afirmaron que vestía de forma andrajosa, pero otros argumentaron lo contrario. Cuarenta y cinco minutos después, la policía halló el cadáver de Eddowes en Mitre Square, en la City de Londres. Tenía la garganta cortada, una incisión profunda y extensa en el abdomen y le habían extirpado el riñón izquierdo y la mayor parte del útero. Joseph Lawende, vecino que dijo haber pasado por esa calle con dos amigos poco antes del asesinato, declaró que había visto a una mujer con un hombre rubio y de aspecto descuidado. No obstante, sus amigos no pudieron avalar esa descripción. Se encontró el delantal ensangrentado de Eddowes cerca de la entrada de un edificio departamentos, en la calle Goulston, y un grafiti en la pared —justo encima de donde estaba la prenda— que parecía implicar a un judío aunque no se pudo comprobar si el grafiti había sido escrito por el homicida o si se trataba de una simple coincidencia, ya que este tipo de textos ilícitos eran comunes en Whitechapel en esa época. Charles Warren, comisionado de la policía, pidió que retiraran el grafiti antes del amanecer bajo la sospecha de que habría incitado protestas antisemitas. Finalmente, la policía encontró el cuerpo mutilado y destripado de Mary Jane Kelly sobre la cama de su recámara en Miller's Court, Spitalfields, a las 10:45 de la mañana del viernes 9 de noviembre. Tenía un corte que iba desde la garganta hasta la espina dorsal y le habían extraído todos los órganos abdominales y el corazón.

Los cinco asesinatos canónicos ocurrieron por la noche, generalmente durante un fin de semana y al término de un mes. También puede deducirse que cada asesinato resultó más severo que el anterior, excepto el de Stride, cuyo ataque presumiblemente fue interrumpido. El cuerpo de Nichols tenía todos sus órganos, pero a Chapman y Eddowes le extrajeron el útero, mientras que esta última y Kelly presentaban mutilaciones en el rostro.

El vínculo entre estos cinco crímenes se remonta a documentos posteriores en los que son excluidos de otros asesinatos. Por ejemplo, en una carta escrita por el médico forense Thomas Bond al encargado del CID —siglaen inglés del Departamento de Investigación Criminal— de Londres, y que data del 10 de noviembre de 1888, ya aparecen relacionadas las cinco víctimas canónicas. Para algunos analistas, ciertos asesinatos de Whitechapel indudablemente fueron obra del mismo individuo, pero en otros actuó un número desconocido de homicidas. Tal fue el caso de los autores Stewart P. Evans y Donald Rumbelow, que catalogaron al expediente de los canónicos como «el mito del Destripador» al considerar que, si bien los casos de Nichols, Chapman yEddowes guardan similitudes entre sí, no hay evidencia de que los asesinatos de Stride y Kelly hubiesen sido cometidos por la misma persona. Inclusive hay quienes argumentan que el homicidio de Tabram sí encaja con el expediente de los canónicos. El doctor Percy Clark, auxiliar del médico forense George Bagster Phillips, concluyó que tres de las muertes habían sido cometidas por el mismo individuo, mientras que el resto había sido obra de «individuos de mente débil ... con la convicción de imitar [la serie original de crímenes]». Aunque el nuevo encargado del CID, Melville Macnaghten, señaló categóricamente en un reporte que «el asesino de Whitechapel tuvo cinco víctimas, nada más», hay que hacer notar que Macnaghten había entrado en la policía un año después de las muertes canónicas y que su memorándum incluía errores en la descripción de los posibles sospechosos.

Resto del expediente

...Kelly es considerada como la última víctima del Destripador, cuya ola de crímenes debió cesar ya sea por su muerte, arresto o migración. No obstante, el expediente de Whitechapel incluye otros cuatro homicidios ocurridos después de los cinco canónicos.

La policía encontró el cuerpo de Rose Mylett en Clarke's Yard, calle High, Poplar, el 20 de diciembre de 1888. Aunque había sido estrangulada no mostraba indicios de forcejeo, motivo por el que pensaron que se había ahorcado accidentalmente en estado de ebriedad, o que se había suicidado. Pese a lo anterior, el perito concluyó que Mylett había sido asesinada. Casi seis meses después, el 17 de julio de 1889, el cadáver de Alice McKenzie apareció en Castle Alley, Whitechapel. Tenía una herida en la arteria carótida izquierda y varias contusiones y cortaduras leves. Uno de los forenses que examinó el cuerpo, Thomas Bond, creyó que se trataba de una víctima más del Destripador, aunque su compañero George Bagster Phillips opinó lo contrario al haber revisado los cadáveres canónicos. Algunos autores opinaron que el homicida de McKenzie había imitado el modus operandi de Jack para despistar a la policía, pero otros aseguraron que era obra del Destripador. El asesino de la siguiente mujer de Whitechapel la decapitó y le amputó las piernas, y arrojó el torso mutilado debajo de un arco ferroviario en la calle Pinchin. En el lugar del hallazgo, el 10 de septiembre del mismo año, la policía encontró varias partes dispersas del cuerpo, por lo que no pudo validarse que la hubieran asesinado ahí. El cadáver de la última víctima del expediente de Whitechapel también apareció debajo de un arco ferroviario el 13 de febrero de 1891, en la calle Swallow Gardens. Su cuerpo estaba intacto excepto por un corte en la garganta. Algunos testigos dijeron haber visto poco antes a la mujer con un tipo, llamado James Thomas Sadler, a quien la policía luego localizó y arrestó por el delito de asesinato. Incluso se llegó a pensar que él era Jack el Destripador. Sin embargo, fue absuelto de los cargos y puesto en libertad el 3 de marzo por falta de pruebas incriminatorias.

Otras supuestas víctimas...

Además de los once asesinatos de Whitechapel, la opinión pública atribuyó otros homicidios a Jack el Destripador, aunque en algunos casos no hubo evidencia para corroborar que dichas muertes hubiesen ocurrido. Tal fue el caso del asunto «Fairy Fay», nombre con el que se le conoció a una supuesta víctima hallada el 26 de diciembre de 1887 con «una estaca en el abdomen». No existen registros de la policía de ningún homicidio ocurrido durante la temporada navideña de ese año, y varios autores coinciden en que este homicidio jamás sucedió. Una explicación señaló que la prensa se había equivocado al reportar el asesinato de Smith, una de las víctimas canónicas que tenía un palo u objeto desafilado en la vagina, y por error había dado origen al caso «Fairy Fay». Hubo casos en que las víctimas salían convida del presunto ataque del Destripador, como Annie Millwood, que ingresó el 25 de febrero de 1888 a la enfermería de la workhouse de Whitechapel con heridas de puñaladas en las piernas y la parte baja del abdomen. Aunque fue dada de alta, murió el 31 de marzo debido a causas naturales; [70] Ada Wilson, que sobrevivió a dos puñaladas en el cuello el 28 de marzo del mismo año; o Annie Farmer, que vivía con Tabram en la misma hostería y tenía un corte superficial en el cuello, posiblemente auto infligido, tras ser atacada el 21 de noviembre.

La prensa se refirió como «el misterio de Whitehall» al hallazgo del torso decapitado de una mujer en el sótano de las nuevas oficinas de la Policía Metropolitana, en la calle Whitehall, el 2 de octubre de 1888. Anteriormente el brazo de la víctima había sido encontrado flotando en el río Támesis, cerca de Pimlico, y una de sus piernas yacía enterrada cerca de donde estaba el torso. Ya que la policía no pudo encontrar el resto de extremidades ni la cabeza, jamás pudo ser identificada. Tanto el caso de Whitehall como el de la calle Pinchin —uno de los once del expediente de Whitechapel— involucraban el hallazgo de torsos mutilados de mujeres, razón por la que se les catalogó como «los misterios del Támesis», atribuidos a un solo homicida apodado como «el asesino de los torsos». No ha podido comprobarse que este último haya sido el mismo Destripador de las muertes canónicas, pero el modus operandi del asesino de los torsos difería del de Jack. Una tercera mujer, cuyas extremidades fueron recogidas del río Támesis entre el 2 y el 25 de junio de 1889, podría tratarse del tercer asesinato del homicida del torso.

El 29 de diciembre de 1888 se halló el cuerpo de John Gill, un niño de siete años, en Manningham, Bradford. De forma parecida a Kelly —la última de las víctimas canónicas—, tenía las piernas heridas y una oreja amputada, el abdomen seccionado y le habían extraído los intestinos y el corazón. La prensa especuló que había sido obra del Destripador, y aunque el empleador del niño, el lechero William Barrett, fue arrestado en dos ocasiones al ser acusado por evidencia circunstancial, al final fue puesto en libertad y la policía no procesó a ningún otro sospechoso. El cadáver de la estadounidense Carrie Brown apareció el 24 de abril de 1891 en Nueva York y, además de haber sido estrangulada, tenía un tenedor incrustado en la ingle y cortaduras superficiales en las piernas y la espalda. Aunque el cuerpo tenía todos sus órganos, la policía encontró un ovario en su cama. Cabe señalarse que, al igual que ocurriera en el East End de Londres, Nueva York tuvo un flujo considerable de inmigrantes irlandeses en 1860. Si bien la prensa comparó este homicidio con los de Jack el Destripador, la Policía Metropolitana de Londres descartó cualquier vínculo entre estos. Investigación Caricatura de John Tenniel, que data del 22 de septiembre de 1888, en la cual se critica la supuesta incompetencia de la policía en la investigación del expediente de Whitechapel, reforzada por el hecho de que el asesino nunca fue capturado. Los documentos policíacos sobre los asesinatos de Whitechapel permiten conocer cómo era el procedimiento de investigación en la época victoriana: para recabar información, un extenso equipo de oficiales iban de casa en casa y sondeaban a los vecinos. El material forense mientras tanto era analizado por personal calificado. Cuando se identificaba a los sospechosos, la investigación se hacía más a fondo y, dependiendo de los resultados obtenidos, se decidía ya sea procesarlos o descartarlos del expediente. Desde entonces ha sido el método utilizado en las investigaciones policíacas contemporáneas.

En relación a los asesinatos de Whitechapel, la policía entrevistó a más de dos mil personas, investigó aproximadamente a trescientas, y detuvo a ochenta. La división criminal del Departamento de Investigación (CID) de la Policía Metropolitana de Whitechapel (H), encabezada por el inspector Edmund Reid, llevó a cabo las investigaciones de los primeros dos casos del expediente de Whitechapel. Tras la muerte de Nichols, la oficina central de Scotland Yard envió a los inspectores Frederick George Abberline, Henry Moore y Walter Andrewspara esclarecer el caso. La policía de la City de Londres se involucró a partir del homicidio de Eddowes, por medio del detective James McWilliam. Pese a lo anterior, las investigaciones se vieron obstruidas debido a que el encargado recién electo del CID, Robert Anderson, había solicitado una licencia de trabajo en Suiza entre el 7 de septiembre y 6 de octubre de 1888, período en que ocurrieron los homicidios de Chapman, Stride y Eddowes. Por tal motivo Charles Warren, comisionado de la Policía Metropolitana, nombró a Donald Swansoncomo coordinador de las investigaciones de Scotland Yard.

Insatisfechos con el esfuerzo policial, un grupo de ciudadanos del East End de Londres comenzó a patrullar las calles bajo el mote de «Comité de Vigilancia de Whitechapel», cuyo objetivo era encontrar a posibles sospechosos de los asesinatos. Además de contratar a detectives privados para entrevistar a presuntos testigos, le sugirieron al gobierno que ofreciera una recompensa a cambio de información sobre el homicida, a manera de alternativa para recabar más información. Debido al tipo de heridas de las víctimas, la policía consideró inicialmente como sospechosos a los carniceros, cirujanos y médicos. De acuerdo a un reporte elaborado por el inspector Swanson y dirigido a la oficina central, se visitaron carnicerías y mataderos e investigaron a sus empleados durante seis meses. Esta hipótesis venía reforzada por la propia reina Victoria, para quien el culpable debía ser un carnicero o ganadero proveniente de alguna de las embarcaciones de ganado que operaban entre Londres y la Europa Continental, tomando en cuenta la cercanía de Whitechapel respecto a los muelles de Londres y el atraco de estos barcos cada jueves o viernes, y su partida el sábado o domingo, lo cual coincidía con los días en que habían ocurrido las muertes. Pese a lo anterior, lo cierto es que ninguno de los asesinatos ocurrió durante alguna de las fechas de arribo de los barcos, lo cual llevó a la policía a desestimar esta conjetura.

Perfil criminal

...A finales de octubre, Anderson le pidió al médico forense Thomas Bond que evaluara las heridas de las víctimas y ofreciera su punto de vista con respecto a los posibles conocimientos quirúrgicos del homicida. Bond elaboró su dictamen basándose en el examen del cadáver con mayores mutilaciones y los registros de autopsia del resto de las víctimas canónicas. Su descripción, considerada como uno de los perfiles criminales más antiguos de los que se tenga registro, decía textualmente: No cabe duda que los cinco asesinatos fueron cometidos por la misma mano. En las primeras cuatro [víctimas], las gargantas parecen haber sido cortadas de izquierda a derecha y en la última, debido a la extensa mutilación, es imposible decir en qué dirección se hizo el corte fatal, aunque se encontró sangre arterial

en la pared, salpicada cerca de donde la cabeza de la mujer debió haber estado. Las circunstancias en torno a los asesinatos me llevan a deducir que las mujeres estaban recostadas al momento de ser asesinadas, y en todos los casos [el homicida] cortó primero la garganta. Bond rechazó la idea de que el asesino contara con conocimientos científicos o anatómicos, o «el entendimiento técnico de un carnicero o matarife», y en cambio argumentó que debía tratarse de un hombre solitario, sujeto a «ataques periódicos de manía homicida o erótica» e hipersexual dado el tipo de mutilaciones. También señaló que «el impulso homicida podría haber surgido de alguna condición mental de venganza o melancolía, o una manía religiosa, aunque no creo que ninguna de estas hipótesis sea [procedente]».Si bien no hubo evidencia alguna de actividades sexuales entre el asesino y sus víctimas, algunos psicólogos supusieron que la penetración de las víctimas con un cuchillo y «la exhibición de los cadáveres en posiciones sexualmente degradantes con las heridas expuestas» son indicativos de que el

responsable obtenía placer sexual con los ataques, aunque para otros especialistas dicha suposición no puede ser comprobada.

Ante la escasez de evidencia forense y lasvarias contradicciones de fuentes contemporáneas sobre el caso, resulta casi imposible esclarecer la identidad deJack el Destripador. Aunque existen análisis de ADN realizados a partir de las cartas atribuidas al homicida, lo cierto es que sus resultados no fueron concluyentes y ya están demasiado adulterados como para proporcionar algún dato útil. Pese a lo anterior, existen varias teorías sobre la identidad de Jack el Destripador. Una de las más difundidas en esa época señalaba que el asesino debía vivir en Whitechapel y tener un empleo estable, ya que los crímenes ocurrieron en fines de semana próximos a fechas festivas, y en calles cercanas entre sí. También se pensó que el responsable podía ser un hombre culto y de clase alta, posiblemente un doctor o aristócrata, que había llegado al barrio procedente de un sector más opulento, aunque dichas suposiciones podrían haber obedecido a estereotipos culturales como el temor a los médicos, la desconfianza en la ciencia, o la explotación de los pobres por los ricos.

En los años siguientes a los asesinatos, los registros señalan que la policía tenía sospechas de cualquier persona que estuviese remotamente vinculada con el caso, así como de varias celebridades que ni siquiera habían sido investigadas en la pesquisa original. Con el paso del tiempo, y la muerte de aquellos que vivían en esa época, autores contemporáneos han tenido soltura para acusar a cualquiera «sin necesidad de evidencia histórica». Si bien un memorándum de Meville Macnaghten de 1894 contenía los nombres de tres sospechosos referidos en los registros policíacos de entonces, lo cierto es que la evidencia contra ellos erameramente circunstancial y por lo tanto no fueron procesados. En total hubo más de cien sospechosos de ser el Destripador.

Cartas

La prensa y la policía recibieron numerosas cartas en el transcurso de los asesinatos de Whitechapel, y si bien algunas consistían en propuestas para ayudar a la captura del asesino, la mayoría no tuvieron utilidad en la pesquisa. No obstante, cientos de dichas cartas supuestamente eran de la autoría del Destripador, y tres de ellas resultaron notables: la carta «Querido jefe», la postal «Saucy Jacky» y la carta «Desde el infierno». La carta «Querido jefe» data del 25 de septiembre de 1888 y fue recibida inicialmente por la Central News Agency el 27 de septiembre, fecha que coincidía con el matasellos. El medio informativo le reenvió el documento a Scotland Yard dos días después. Al principio se le consideró como un bulo, sin embargo el documento cobró notoriedad después del hallazgo del cuerpo de Eddowes, puesto que el cadáver carecía de una oreja y la carta, enviada tres días antes del asesinato, incluía la amenaza de «cercenar las orejas de la dama». Pese a lo anterior, las investigaciones concluyeron que la oreja de Eddowes había sido incidentalmente cortada por el asesino durante su ataque. A lo anterior se suma el hecho de que el documento también afirmaba que el autor habría de enviar las orejas de su víctima a la policía, lo cual no ocurrió. La importancia de esta carta radica igualmente en que su autor usó por primera vez el mote «Jack el Destripador» para referirse a sí mismo, y desde entonces la prensa y policía, que solían llamarlo «Mandil de cuero», comenzaron a denominarlo así. Algunas fuentes señalaron que el apodo en realidad había sido utilizado originalmente en una carta del 17 de septiembre del mismo año, sin embargo no hubo consenso en validar esta suposición y se le consideró como un bulo en los registros del siglo policía.

La carta «Desde el infierno». De igual forma la Central News Agency recibió la postal «Saucy Jacky» el 1 de octubre, fecha del matasellos. Cabe señalarse que la caligrafía y el tono eran similares a los de la carta «Querido jefe». El autor aseguraba que dos víctimas más habían sido asesinadas en sitios cercanos entre sí, y calificaba el homicidio como «un doble evento», supuestamente en alusión a las muertes de Stride y Eddowes. Aunque se llegó pensar que la carta había sido enviada antes de que la policía hiciera públicos los asesinatos, de manera que hubiera sido improbable que alguien más tuviera

conocimiento del doble evento en ese momento, lo cierto es que la fecha del matasellos indicaba que su autor había enviado el documento más de 24 horas después de las muertes, cuando ya los medios daban cobertura de lo sucedido a la población. George Lusk, líder del Comité de Vigilancia de Whitechapel, recibió la carta «Desde el infierno» el 16 de octubre. No obstante, al ser comparada con las cartas anteriores, el documento tenía otra caligrafía y estilo de redacción. La carta venía en una pequeña caja que también contenía la mitad de un riñón preservado en etanol, y el autor aseguraba que se había comido el resto del órgano frito. Aunque algunas fuentes dedujeron que el riñón le pertenecía a Eddowes, cuyo cadáver carecía de dicho órgano, otras referencias concluyeron que se trataba solamente de una broma macabra. El cirujano inglésThomas Openshaw, del London Hospital, examinó el riñón y determinó que sí era humano y provenía del costado izquierdo de la víctima. No obstante, fue incapaz de establecer otra característica biológica. Más tarde el médico recibió otra carta firmada por el Destripador. Scotland Yard publicó el 3 de octubre facsímiles de la carta «Querido Jefe» y de la postal con la esperanza de que alguien reconociera la caligrafía. En opinión de Warren: «creo que todo esto se trata de un bulo, pero estamos obligados de cualquier forma a encontrar al autor [de los documentos]». El 7 de octubre, George R. Sims explicó en el rotativo dominical Referee que la carta había sido escrita por un periodista para acrecentar la popularidad de un periódico.

Basándose en esa hipótesis, la policía confirmó poco después haber identificado a un periodista como el responsable de las misivas, llamado Tom Bullen, según una carta enviada por el inspector John Littlechild a George R. Sims el 23 de septiembre de 1913. No fue sino hasta 1931 que el periodista Fred Bestconfesó que él y un colega de The Star habían escrito las cartas firmadas por Jack el Destripador con tal de acrecentar el interés en los homicidios de Whitechapel y «mantener vivo el negocio».

Aunque Jack el Destripador no fue el primer asesino serial, sus crímenes tuvieron una cobertura mediática sin precedentes gracias a las reformas fiscales aprobadas en los años 1850 que favorecieron la distribución masiva de rotativos de bajo precio. Durante la época victoriana este tipo de publicaciones tuvo un mayor auge, e incluyó a periódicos con precios tan asequibles como medio penique y revistas populares como Illustrated Police News, que encauzaron sus esfuerzos en dar publicidad al homicida.

martes, 10 de noviembre de 2020

El Sádico Del Charquito

Daniel Camargo
Daniel Camargo Barbosa (Anolaima, Cundinamarca, Colombia, 22 de enero de 1930 - Quito, Ecuador, 13 de noviembre de 1994) fue un violador y asesino en serie colombiano.

Primeros años

Daniel Camargo nació en Anolaima, Cundinamarca, Colombia. Cuando no había cumplido ni un año de edad, su madre murió. Su padre se casó con otra mujer, que tuvo problemas de infertilidad. Eso le provocó problemas mentales a la mujer que cayeron en el pequeño Daniel. De hecho, vistió de niña al chiquillo y lo obligaba a ir al colegio vestido de esta manera. A pesar de esta humillación, ...Daniel se destacó por ser un gran estudiante en el colegio León XIII de Bogotá. Sin embargo, su deseo de seguir estudiando se vio obstaculizado cuando se vio obligado a dejar la escuela para ayudar económicamente a su familia.

Entrada en el mundo de la delincuencia

En 1960, Camargo se casaría con Alcira Castillo. Había dejado atrás los problemas que vivió en su familia natal. Sin embargo, su feliz matrimonio se acabó desmoronando cuando, en 1967, sorprendió a su mujer con otro hombre. En ese momento, el odio por las mujeres fue el motor vital de Camargo. Según confesaría años más tarde, consideraba al sexo femenino como las culpables de todos los males que le habían acontecido en su vida. Eso provocó que a partir de entonces, Camargo, junto a su nueva compañera sentimental, comenzara a violar a jovencitas vírgenes a base de narcotizarlas previamente. Pero la policía consiguió detenerlo en 1968 e imponerle una pena de cinco años. A su salida, Camargo continuó con sus actividades criminales y volvió a ingresar en prisión, esta vez con una pena de 25 años en la isla penitenciaria de Gorgona. De los veinticinco años iniciales, Camargo tan sólo cumplió diez ya que consiguió escapar en 1984 pasando tres días a la deriva sin agua y sin comida. Logró llegar a orillas de Ecuador. En un país nuevo y donde no tenía antecedentes penales, Camargo empezó a cometer con total impunidad sus crímenes. Sus víctimas fueron de nuevo principalmente chicas jóvenes y vírgenes. Durante quince meses, la población ecuatoriana vivió aterrorizada por la presencia de un asesino, que despedazaba a sus víctimas. La policía no encontraba pistas ya que el asesino era extremadamente cuidadoso en sus crímenes. Fue condenado por 72 asesinatos (todas sus víctimas eran mujeres y niñas), pero se cree que mato a más de 150 mujeres o incluso a más de 200 mujeres. Existe una investigación detallada de sus asesinatos en el libro Los monstruos en Colombia sí existen del antropólogo Esteban Cruz Niño, en ella se copia parte de su diario personal y se establece que hablaba perfectamente inglés y portugués.

El final de las psicopatías de Camargo llegaría en 1986. Una inspección rutinaria de la policía ecuatoriana detuvo a un hombre de aspecto harapiento. Para sorpresa de los miembros del cuerpo de

seguridad, descubrieron que, en la maleta que portaba, había numerosas prendas de ropa manchadas en sangre. En el interrogatorio posterior, Camargo confesó 71 víctimas. Después de un juicio sumarísimo, Camargo fue condenado a dieciséis años de cárcel y en prisión compartió patio con otro asesino serial

prominente, Pedro Alonso López, llamado el Monstruo de Los Andes, quien se presume asesinó a más de trescientas niñas y jovencitas.

Fallecimiento

Camargo no cumplió toda su condena ya que fue asesinado por otro recluso, Giovanny Arcesio Noguera Jaramillo, en el Centro de Rehabilitación de Varones N° 2 de Quito, el 13 de noviembre de 1994. Su asesino resultó ser el sobrino de una de sus víctimas. Fue sepultado en la fosa número 798 de la necrópolis “El Batán”, de Quito.

La Mataviejitas

 

Juana Barraza

Juana Barraza Samperio Asesina serial mexicana y luchadora profesional. Juana Dayanara Barraza Sampeiro (Epazoyucan, México; 27 de diciembre de 1957) es una deportista de lucha libre y asesina en serie mexicana, conocida popularmente como La Mataviejitas. Cometió entre 42 y 48 homicidios a mujeres de edad avanzada en el área metropolitana de la Ciudad de México desde los años 90 hasta principios del año 2006, por los que fue sentenciada a 759 años de prisión.

Biografía

Juana Barraza Samperio nació a las 8:30 horas, el viernes 27 de diciembre de 1957 en el municipio de Epazoyucan, Hidalgo, México. Sus padres fueron Trinidad Barraza Ávila y Justa Samperio, quienes nunca se casaron, viviendo en unión libre por cuatro o cinco años. Su madre era una alcohólica, quien, en una reunión con otras personas, accedió a que un hombre tuviera acceso con la menor a cambio de tres cervezas, quedando embarazada de él. Tuvo en total siete hijos. El mayor, José Enrique Lugo Barraza, fue asesinado por una pandilla en plena calle, a los veinticuatro años de edad. Con conocimientos de enfermería y supuesta adoradora de la Santa Muerte, Barraza se dedicó también en algunas ocasiones a la lucha libre (bajo el seudónimo de "La Dama del Silencio") o a la venta de palomitas de maíz afuera de la arena de lucha. Barraza se ha transformado en uno de los casos más interesantes dentro de la historia criminal en México, ya que durante muchos años se mantuvo la comisión de sus crímenes sin ser capturada, y por la semejanza de su modus operandi con el de famosos asesinos en serie de otros países, como Thierry Paulin. El primer asesinato atribuido a la Mataviejitas fue cometido a fines de los años 90, aun cuando la serie de asesinatos comenzó presuntamente el 17 de noviembre de 2003. Se ha estimado que el número total de sus víctimas es de entre 42 y 48. El 31 de marzo del 2008, el juez 67 de lo penal, con sede en Santa Martha Acatiltla le dictó sentencia de 759 años y 17 días de prisión por 17 homicidios y 12 robos cometidos en agravio de personas de edad avanzada.

Perfil

Todas las víctimas de la asesina eran ancianas (60 ó más años), quienes en su mayoría vivían solas. Sus asesinatos fueron provocados por golpes, heridas de armas punzo cortantes o estrangulación, con robos materiales a las víctimas inmediatamente después de ser asesinadas. Durante la cacería de la asesina, Bernardo Bátiz, entonces Procurador de Justicia de la Ciudad de México, había indicado que el homicida tenía «una mente brillante; era muy sagaz y cuidadoso» (creyéndose hasta ese momento que se trataba de un hombre y no de una mujer), y que cometía sus crímenes después de un corto período durante el cual se ganaba la confianza de sus víctimas. Los oficiales que investigaban el modus operandi del asesino sospecharon que el asesino se presentaba ante sus víctimas como trabajador social del gobierno, ofreciendo programas de beneficencia para personas de la tercera edad. El trauma ocasionado por la violación durante su niñez parece haber sido un factor importante para la realización de sus crímenes. En casos aislados, se encontró evidencia de abuso sexual en las víctimas. Aparentemente, Barraza asociaba a las ancianas con su madre, creyendo que ayudaba a la sociedad asesinándolas.

Investigación

En el transcurso de las actividades criminales del asesino, las autoridades policiacas fueron duramente criticadas por los medios de comunicación puesto que, todavía a finales del 2005, asumían un «sensacionalismo mediático» respecto a un asesino en serie. Asimismo, se criticó el hecho de que el asesino era buscado,tal vez inútilmente, entre las prostitutas y/o travestis de la Ciudad de México. Entonces, la policía suponía (debido a reportes de testigos) que se trataba de un hombre que se vestía de mujer para obtener el acceso a las viviendas de sus víctimas. En alguno de los casos, se reportó que se había visto a una mujer corpulenta vestida con una blusa roja. La búsqueda del asesino fue complicada debido al cúmulo de evidencias contradictorias. En un punto de la investigación, la policía conjeturó que eran dos asesinos los que podrían estar implicados. También se puso singular atención en la extraña coincidencia de que por lo menos tres de las víctimas del asesino poseían una copia de una pintura de 1888 Niño en Chaleco Rojo, del artista francés Paul Cézanne. Curiosamente, antes de la captura de la presunta asesina, las autoridades mexicanas divulgaban declaraciones de testigos que señalaban que el asesino usaba ropa de mujer para acceder a los apartamentos de las víctimas. En uno de los casos, uno de los testigos observó a una «mujer grande con una blusa roja» salir del hogar de una de las mujeres asesinadas. Ello fue interesante para los criminólogos, forenses y detectives puesto que había grandes paralelos entre el comportamiento del asesino y Thierry Paulin. Bajo ese contexto, se atribuyó al homicida (presumiblemente varón) la posibilidad de una doble personalidad. Otra observación interesante hecha por los investigadores fue la extraña coincidencia de que algunas de las víctimas eran de origen español.

Alfaro y su Detención

El 25 de enero de 2006 se arrestó a una persona sospechosa huyendo del hogar de la última de las víctimas del asesino. La víctima, Ana María de los Reyes Alfaro, de 82 años de edad, residente de la colonia Moctezuma, 1a sección en la ciudad de México, había sido estrangulada con un estetoscopio, siendo varias veces apuñalada con un cuchillo ranger militar. Para sorpresa de los mexicanos, que estaban en el entendido de que el asesino era hombre, la persona detenida fue Juana Barraza Samperio, de entonces 48 años, deportista de lucha libre. Los testigos de anteriores escenas del crimen habían descrito a una mujer de apariencia masculina (lo que había dado pie a la búsqueda inicial de un travesti). Barraza se asemejaba bastante a un modelo de arcilla que describía las características faciales del asesino: persona de cabello tupido, teñido de color rubio y rostro de facciones duras. Al ser detenida portaba un estetoscopio, formas de solicitud de pensión para ancianos y una tarjeta que la identificaba como trabajadora social. Preliminarmente, la policía de la ciudad de México no pudo detenerla antes, ya que no contaban con huellas dactilares completas que pudieran dar la identidad de la asesina. Al momento de ser capturada, la presunta asesina confesó haber asesinado a la anciana —Ana María de los Reyes Alfaro y a otras tres mujeres, pero negó estar implicada en el resto de los diez asesinatos (de entre los cuarenta que se le sospechaban) con que los fiscales la implicaban a través de huellas digitales. Comentó a los reporteros que había visitado la casa de Ana María de los Reyes Alfaro en búsqueda de trabajo como lavandera. «Ustedes sabrán por qué lo hice cuando lo lean de mi declaración ministerial» finalizó Barraza Samperio.

Juicio y veredicto

Barraza fue juzgada en la primavera del 2008, la fiscalía la acusó de 40 homicidios. Ella admitió ser culpable del asesinato de Ana María de los Reyes y declaró que su motivo para matar había sido el rencor acumulado hacia su madre. El 31 de marzo fue encontrada culpable por 16 cargos de homicidio y robo agravado, además de once cargos por otros asesinatos. Fue sentenciada a 759 años de prisión.

(Tomado de Wikipedia)